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PUNK NOUVEAU
Entendiendo el fenómeno emo.

A-Antecedentes y actualidad

Los expertos afirman que la historia se da en ciclos y que está destinada a repetirse, con la diferencia de que los hechos cambian según el contexto de cada nueva situación. Algo como esto es lo que explica el fenómeno musical (ante todo), estético y social de los infames emos.

El emo no salió de la noche a la mañana, como pareciera para algunas generaciones más viejas, rockeras o no, que todavía no comprenden bien todo el asunto. En esencia, es un refrito de la esencia punk, pero con algunos detalles propios del nuevo milenio y la generación de la información.

El uso del término “emo” se puede rastrear a mediados de la década de los 1980’s, momento del tiempo y espacio del Rock & Roll en el que el punk, el indie y lo alternativo se diversificaron y sub-clasificaron; el emo era un tipo de punk rock rápido pero con mucha melodía de guitarras y en la voces, lo cual lo diferenciaba del hardcore o del straight edge, que eran mucho más agresivos en ambos sentidos. El emo, aunque era rudo, rebelde y punk, tenía más sentimientos que expresar, influido tal vez por escuchar mucho The Cure (por las melodías adorables y fáciles de tocar) y The Smiths (por esas letras brutalmente honestas y personales).

Ya en los ‘90, apunto el dedo a dos principales propulsores de este nuevo movimiento. El disco Dookie de Green Day, junto con los primeros trabajos de Blink 182, hicieron la contraparte al “nu metal” de Korn y Deftones en darle el público rockero algo intenso pero no tan perverso. En este momento, con Kurt Cobain muerto y su legado auténticamente alternativo ya inmerso en la mente de millones, el punk se volvió masivo, hasta un poco pop. Para muchos de los que ahora forman parte de la generación emo, que definitivamente ya no son ni X ni Y, tal vez Z, estas bandas y discos son los primeros que escuchaban, ya clásicos, y solamente unos cuantos rebuscaban el pasado para entender todo lo que venía detrás (Ramones, Sex Pistos, The Clash, Joy Division, Black Flag). Los que se quedaron en ese presente y siguieron adelante, pienso yo, son los emos de hoy.

Así como hoy existen looks establecidos y masivamente comercializados “hippie chic” y “grunge”, que ya fueron y regresaron, el punk ya pertenece visualmente a una estética entendida por la mayoría. Diesel con sus jeans italianos rotos de doscientos palos, John Varvatos (diseñador gringo que ahora tiene su tienda en el antiguo CBGB’s) con sus T-shirts apretados de con logos de discos viejos, hasta la marca española Zara con suéteres de manga larga con rayas horizontales a dos tonos; lucir punk ahora solo toma una visita al mall y saber elegir las piezas. Esos jeans de tubo, o “skinny”, los pusieron de moda los nuevos skaters que querían verse más retro, huyéndoles a los pantalones extra baggy que usaron en los noventa. Los piercings y los tatuajes son la cosa más accesible y común hoy día, hasta señoras menopáusicas se los hacen para sentirse más jóvenes y alocadas. Y el pelo, pues es un combo entre el estilo totuma de los Beatles y el exceso ochenteno de Flock of Seagulls, y completamente orientado a cubrir una mirada tímida.

Después de los ataques del 11 de septiembre y la masacre en la secundaria Columbine, la ira y la angustia ya no son vistos de la misma manera en todo el mundo. Aunque en la actualidad el mundo sufre de los mismos problemas de inestabilidad social y económica (guerras, alto costo del petróleo, sueldos bajos) que habían en los ’70, cuando se originó el punk, pero ahora el sentimiento de dolor o miedo se hace más notable, sobre todo con la exposición individual y exponencial del Messenger y el FaceBook. Digamos que el planeta está susceptible. Al mismo tiempo, los programas de realidad y “caza talentos” han eliminado el mito de la celebridad y quebrado el valor del trabajo. Estas circunstancias, para personas con falta de identidad, de amor familiar o de un sentido de grupo, ya hace parecer poco relevante el auto compadecerse en extremo, algo de lo cual tildan a todos los emo.

A principio de año hubo una noticia que a muchos les causó gracia: pandillas de metaleros en México estaban linchando a grupos de emo que, valga la redundancia, andaban “parkeando” en parques sin molestar a nadie. Esta clara falta de tolerancia, aunque no ha de sorprender por el contraste entre ambos grupos, igualmente está fuera de lugar, ya que a los metaleros se les ha olvidado como ellos sufrieron de los mismos prejuicios de los que ahora se les acusa a sus “rivales”. Si a algunos les disgusta el look tan trabajado y ligeramente andrógino (cosa que los glam hicieron hace 30 años), junto con la música, para algunos mediocre y sin fondo (como se dijo del disco) de bandas como Good Charlotte y Panic At the Disco, pues simplemente no hagan caso y dejen vivir. El tiempo dirá si la tendencia trasciende o desaparece, si empeora o mejora.

Lo que se debe reconocer que es que la brecha generacional ya está formada y aceptarlo. Esta es una nueva generación con nuevos gustos. Todo esto que hacen, visten, escuchan y dicen, es suyo y no tiene que ser entendido por los que no formen parte de ello. Desde la perspectiva de la generación emo, otros subgrupos del rock han de ser vistos como anticuados y aburridos. Pero existe un punto de enlace que une a todos: la rebeldía, el deseo de manifestar un grupo de ideales, y el gusto por la música que hace vibrar tu alma. En ese sentido, todos son iguales.

B-Detrás de la EMOción

Al trabajar como psicóloga en un colegio hoy en día, he recibido comentarios de padres, profesores y niños preocupados por el tema de los emo. “¡Ten cuidado, que ese es emo!” señalan algunos con sospecha. ¿Qué será lo que quieren decir con eso? ¿Qué es lo que entienden por “emo”? Zapatillas Vans de cuadritos, una preferencia por la combinación del negro y el rosado, galluza, skinny pants, y ya están tildados. Son blanco de gritos y burlas en los pasillos y en los salones de las escuelas, miradas extrañas en el mall y prohibiciones de amistad por madres alarmadas.

El estigma principal que existe en torno a los emo es que disfrutan exhibiendo dolor emocional, y para hacer énfasis, se inflingen dolor físico: se cortan, se lanzan a carros en movimiento… inclusive llegué a escuchar que “como ellos no tienen respeto por la vida, dan miedo porque no se sabe qué puedan hacer” a los demás.

Aquí se está hablando mayormente de adolescentes, y la adolescencia sinónimo de rebeldía, compinche, búsqueda de identidad, y aflicción. Es un estado mental y cronológico. Ser adolescente viene acompañado de mucho drama: nadie te entiende, ni tú mismo. Pertenecer a algo da un sentido de pertenencia y estructura a la vida. Por eso se ven grupitos de chicos que se visten igual y hablan igual. No es necesariamente presión de grupo, ya que están buscando lo que quieren ser y lograr cierto nivel de aceptación social. Ser parte de un grupo hace sentir que tienen un lugar en el mundo, pero el camino para alcanzar este fin viene acompañado de conflictos familiares, gritos y llantos.

Las estadísticas sugieren que uno de cada ocho adolescentes experimentará depresión. El suicidio es la tercera causa de muerte entre los adolescentes, y aunque no suele ser reportado, se estima que 20% de los adolescentes incurre en alguna forma de automutilación. ¿Podrá ser que estamos enfocando mal el asunto?

Los que ahora son adolescentes viven en un entorno diferente al que vivieron adolescentes de generaciones pasadas. En el siglo XXI cada vez hay más: más tecnología, más información, más avances, más peligro, más caos. La inocencia no sobrevive los a 11 años. Antes, para una niña de 10 años, Candy Candy podría haber sido algo escandaloso. Los niños de diez años hoy, pueden ver a un hombre siendo decapitado con solo abrir su email. El mundo se ha convertido en un lugar siniestro para estas personas que quieren saberlo todo pero no entienden nada. Además, los niños de ahora hablan como si fueran grandes, pero no lo son. No están preparados para asimilar por sí solos todo lo que pasa a su alrededor. A veces, la confusión es tan grande que pareciera que lo único que puede aliviar el dolor es más dolor. Son niños normales bajo cualquier estándar, pero viven en circunstancias distintas. Son niños que, a falta de guía y de comprensión, no encuentran una manera adecuada para lidiar con la confusión y la angustia que les causa.

Visto de este punto, el problema no es que un joven sea emo o no, sino qué lo lleva a identificarse con esta tendencia. ¿Alguien se ha tomado el tiempo para conversar con el ser humano detrás de la fachada? ¿Cuándo se volvió aceptable discriminar a los demás por lucir diferentes? Aquellos que etiquetan, que encasillan, o que pretenden demostrar su superioridad ridiculizando a otros contribuyen a crear problemas donde tal vez no los había antes.

El surgimiento de nuevos movimientos sociales y subculturas suele ser síntoma de inconformidad. Quizás sea momento de detenerse a examinar el pasado y contemplar el futuro que estamos creando para estos chicos y para nosotros mismos. Quizás sea momento de dejar los prejuicios, y escuchar el mensaje.
 
 
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